11 de enero de 2026

Director Académico
Durante más de dos siglos, el modelo económico lineal basado en producir, consumir y desechar fue el motor del desarrollo industrial y comercial. Sin embargo, en el siglo XXI este paradigma muestra claros signos de agotamiento. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la escasez de recursos naturales y la creciente presión social hacia las empresas han transformado la sostenibilidad de un valor agregado en una condición indispensable para la supervivencia y competitividad.
Hoy, hablar de sostenibilidad empresarial no es un lujo ni una estrategia de marketing: es una obligación ética, económica y estratégica.
La crisis climática es el telón de fondo que explica esta urgencia. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ha advertido que el planeta debe reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 43% para 2030 si se quiere evitar un aumento de 1,5 °C en la temperatura global (que al parecer ya hemos alcanzado). Este desafío no es abstracto: se traduce en fenómenos extremos que afectan directamente a las cadenas de suministro, la producción agrícola, la infraestructura y la estabilidad social. Las empresas que ignoran esta realidad se exponen a riesgos financieros, reputacionales y operativos. Por el contrario, aquellas que integran la sostenibilidad en su estrategia logran resiliencia, acceso a nuevos mercados y confianza de los consumidores, que cada vez más depende de la adecuada trazabilidad de los productos que se ofrecen en el mercado.
Costa Rica ofrece ejemplos de cómo la sostenibilidad empresarial se ha convertido en un motor de innovación y competitividad. La empresa Florex, fundada en San Ramón, se ha posicionado como pionera en la producción de artículos de limpieza biodegradables. Su apuesta por fórmulas libres de químicos dañinos y envases reciclables le ha permitido acceder a mercados internacionales y convertirse en referente regional. Florex demuestra que la sostenibilidad no es filantropía, sino un modelo de negocio rentable que responde a la creciente demanda de consumidores conscientes.
Otro caso es Proquinal, ubicada en El Coyol de Alajuela, dedicada a la fabricación de textiles recubiertos. Esta empresa ha implementado procesos de eficiencia energética y reducción de residuos, mostrando que incluso en sectores industriales intensivos es posible avanzar hacia prácticas responsables sin sacrificar productividad.
Asimismo, iniciativas como Green Solutions CR, que ha logrado reducir en un 50% los desechos mediante reciclaje y compostaje, evidencian cómo las pequeñas y medianas empresas pueden liderar transformaciones significativas en sus comunidades.
A nivel global, los ejemplos son igualmente contundentes. Apple ha integrado materiales reciclados en la fabricación de sus dispositivos, avanzando hacia cadenas de valor circulares que reducen la dependencia de recursos vírgenes. UPS, con su proyecto UPSNav (ORION), optimizó rutas de transporte mediante algoritmos que reducen millones de litros de combustible y toneladas de emisiones de CO₂, generando ahorros económicos y ambientales simultáneamente.
"Un caso de muy alta relevancia es Schneider Electric que ha convertido la sostenibilidad en el núcleo de su estrategia corporativa, integrando objetivos ambientales, sociales y de gobernanza en todas sus operaciones."
La compañía se ha comprometido a alcanzar la neutralidad de carbono en toda su cadena de valor para 2050, con metas validadas por la iniciativa Science Based Targets. En su programa Schneider Sustainability Impact 2021–2025, la empresa ha fijado indicadores concretos para medir avances en eficiencia energética, inclusión social y reducción de emisiones. En 2025, Schneider Electric fue reconocida por TIME y Statista como la empresa más sostenible del mundo por segundo año consecutivo, gracias a logros como la reducción significativa de su huella de carbono y la expansión de soluciones digitales que permiten a clientes optimizar el consumo energético. Este ejemplo demuestra cómo una multinacional puede transformar la sostenibilidad en ventaja competitiva, combinando innovación tecnológica con responsabilidad ambiental y social.
Los beneficios tangibles de la sostenibilidad empresarial son múltiples. En primer lugar, la eficiencia energética y la gestión adecuada de residuos reducen costos operativos. En segundo lugar, los bancos y fondos de inversión priorizan proyectos con criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), lo que facilita el acceso a financiamiento. En tercer lugar, la reputación y la confianza se fortalecen: los consumidores prefieren marcas responsables y penalizan aquellas que incurren en prácticas de greenwashing. Finalmente, la sostenibilidad garantiza resiliencia: las empresas que adoptan modelos circulares y digitales se adaptan mejor a crisis como pandemias o disrupciones logísticas.
No obstante, los riesgos de no adoptar sostenibilidad son igualmente claros. Las empresas que insisten en modelos lineales enfrentan pérdida de competitividad, especialmente en mercados como la Unión Europea, donde las certificaciones verdes son requisito para exportar. También se exponen a multas y sanciones derivadas de regulaciones ambientales cada vez más estrictas. El rechazo social es otro factor: los consumidores penalizan las prácticas engañosas y exigen transparencia. Además, la obsolescencia es inevitable: en un mundo de recursos limitados, los modelos de negocio que no integren circularidad y responsabilidad quedarán fuera del juego económico.
La sostenibilidad empresarial, entonces, se convierte en una condición de supervivencia. No se trata únicamente de cumplir con normativas o responder a presiones externas, sino de reconocer que el futuro de las empresas está intrínsecamente ligado al futuro del planeta, de este que compartimos con todos los demás seres vivos que lo habitan y de las sociedades.
Las compañías que integran la sostenibilidad en su estrategia logran innovar, ahorrar, acceder a nuevos mercados y fortalecer su reputación. Las que no lo hacen, simplemente se condenan a la irrelevancia.
Costa Rica y el mundo ofrecen ejemplos indiscutibles que demuestran que la sostenibilidad es posible y rentable. Desde Florex y Proquinal hasta Apple, UPS y Schneider, las empresas que han apostado por modelos circulares y responsables han encontrado en la sostenibilidad no un obstáculo, sino una ventaja competitiva. La lección es clara: en el siglo XXI, la sostenibilidad empresarial ya no es una opción, es la única vía para construir organizaciones resilientes, legítimas y capaces de prosperar en un entorno global marcado por la crisis climática y la demanda de responsabilidad social.
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Artículo escrito por Jorge Arturo Campos Montero